El hierro es el metal más abundante en el universo, y el cuarto elemento en frecuencia en la corteza terrestre.
Se lo encuentra naturalmente en el suelo, formando parte de diversos minerales, en el agua y en muchos alimentos.
Su utilización como sustancia terapéutica data del 1500 AC, atribuyéndole a lo largo de la historia diversas propiedades, hasta que en el Siglo 20, científicos identifican sus funciones, absorción, metabolismo, utilización, definiéndole como un nutriente esencial, o sea que como tal es imprescindible que esté presente en la dieta.
El hierro posibilita la formación de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que permite transportar el oxígeno a los tejidos.
Información adicional para reducir:
Esencial para la síntesis de Hemoglobina (proteína que se encuentra en el glóbulo rojo realizando el transporte de oxígeno a los tejidos) y de mioglobina (proteína presente en los músculos).
También es parte de muchas otras proteínas y enzimas en el cuerpo. Interviene activamente en el funcionamiento de proteínas involucradas en la producción de energía celular, y la biosíntesis de ADN. Al ser un metal indispensable en el metabolismo celular, su absorción, transporte, almacenamiento y liberación están críticamente regulados.
El contenido total de hierro de un organismo es de aproximadamente de 3,5g a 4 g en la mujer y de 4-5 g en el hombre. El 60- 70% se encuentra formando parte de la hemoglobina contenida en los glóbulos rojos. Este mineral al ser ingerido, a través de la dieta, se deposita como reserva en el hígado, bazo y médula ósea; y es movilizado cuando las demandas no son cubiertas por la ingesta. Del total de hierro que se moviliza diariamente, sólo se pierde una pequeña proporción por heces, sudor y orina.
La absorción de hierro se realiza a nivel duodenal y la reposición a través de la ingesta. El control del contenido en hierro del organismo es crucial. No se han desarrollado evolutivamente mecanismos que controlen su excreción, así que todo el control se basa en regular su absorción. La mayor parte del hierro corporal pasa por un ciclo continuo de reciclaje casi perfecto. No existen sistemas fisiológicos capaces de excretar hierro, sólo perdemos hierro sangrando.
Uno de los alimentos más ricos en hierro es la carne roja; lo encontramos también en el pescado azul, en los muslos y alas del pollo, en ciertos tipos de frutas secas, semillas, en las verduras de color verde oscuro como las espinacas, en algunos cereales, mejillones, pescado, legumbres (principalmente lentejas) y en frutos secos oleaginosos como las almendras, las avellanas y las nueces.
Importante:

- Los cereales , fibra de la dieta, taninos (café, té), antiácidos, sustancias que forman complejos con el Fe (lácteos o derivados) inhiben la absorción del hierro.
- La absorción del hierro aumenta en presencia de sustancias reductoras como el ácido ascórbico ó vitamina C, ácidos grasos saturados, el aceite de oliva.
La deficiencia de hierro provoca ANEMIA FERROPÉNICA.
Es uno de los minerales que mayores carencias provoca, especialmente entre mujeres en edad fértil, ya que las necesidades son mayores en mujeres.

Cuando hay deficiencia de hierro es difícil mejorarla exclusivamente con la alimentación. La anemia se detecta cuando las reservas de hierro están agotadas. La disminución de glóbulos rojos, de las cantidades de hemoglobina son los datos que evidencian la presencia de anemia. En este caso se opta por suplementar con hierro.
La suplementación según la edad se realiza vía medicamentosa a través de diferentes formas según sea niños o adultos.
Para prevenir su deficiencia en etapas críticas de la vida se suplementa, para prevenir la anemia, como es en el caso de lactantes y mujeres embarazadas, cuyas necesidades en general no pueden ser cubiertas con la alimentación.
También se usa la fortificación de alimentos con hierro, en la prevención de la anemia en grupos vulnerables. En Uruguay se fortifican las harinas con hierro y ácido fólico, y también la leche en polvo destinada a las poblaciones de mayor vulnerabilidad.